lunes, 11 de abril de 2011

La hora de los enamorados.       Para todos cuantos llevan el rostro alegre y el corazón brincándoles de gozo.  / 
La hora de los que dan gracias a Dios cada mañana, en el amor que sienten por las cosas de su creación.
    La hora de quienes tienen abierto el corazón, en un inmenso ofrecimiento de verdad sin rincones y de cariño sin sospechas.
     La hora de los que saben cuál es el camino de la felicidad y ponen todo su afán por conseguirlo.
    La hora de quienes desbordan dulzura en su mirada, en sus palabras emoción y virtud en sus hechos.
    La hora de los que caminan por el mundo con la ilusión estrenada de todas las auroras, sobre el cieno de las cloacas y la peste de los estercoleros, blancos como la nieve de los picos más altos y limpios como la patena que contiene el holocausto.
     La hora de aquellos para los que la mujer es autenticidad, y su amor confianza.
    La hora de los entregados sin reserva, de los que hacen permanente la presencia de Dios en sus relaciones y firme el propósito de ofrecerle sus mejores instantes de felicidad y de entusiasmo.
    La hora de los que aciertan a ver también lo que de amor existe en la imperfección posible, en el disgusto ocasional y en el posible matiz desagradable.
    La hora de los que valoran el amor por la cúspide de la renuncia a muchas cosas y no por la base de arena de la visión rosácea y sentimentalista de la vida.
    La hora de los tan profundamente enamorados que todavía pueden advertir, sin escándalo, en la mujer a quien aman, un deseo de perfección, y en su conducta para con ella, una posibilidad permanente de superación de la propia vida.
    La hora de los que conciben el amor, no como un decálogo de prohibiciones rotas para siempre, sino como apertura de nuevos horizontes compartidos en la intimidad y en el ejercicio voluntario, con la persona a quien se ama.
    La hora de quienes saben que el amor solo lo es cuando es puro.
    La hora de aquellos que desentrañan en el amor todo el sentido sobrenatural que el amor encierra.
    La hora de aquellos para quienes el amor no es exaltación instintiva de potencias vitales, ni circunstancial y oportuno devaneo de equivocadas apreciaciones; antes bien, arraigada creencia llamada a señalar un camino; ilusionada esperanza destinada a espléndida realización; oración en común de dos vidas ligadas para siempre en el dolor y en la alegría; permanencia asegurada de un entusiasmo que penetra las fuerzas todas y todas las ocupaciones, que da sentido a las inquietudes y corona majestuosamente la interioridad de los sentimientos.

    La hora de 'los poetas de Dios', de los enamorados… Porque el amor es el más sublime de los poemas escritos por Dios en el libro del mundo.

 
                   Escrito por Manuel Alonso García.

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    Estos sutiles, profundos y preciosos pensamientos, están en el recorte de un periódico que debo tener en mi poder –guardado celosamente, pero por 'demasiado guardado' también medio extraviado- algo así como 30 o 40 años; y de unas frases que siempre me gustaron extraordinariamente, que me hicieron meditar y... que guardaba como un tesoro. Y deseaba encontrarlo, para poder incorporarlo a este mi modesto ‘blog’, y poder así ofrecer esta maravillosa lectura a aquellas/os de mis queridas/os ‘visitantes’ que quieran adentrarse en este ‘espacio’. Espero que, como a mí, les resulte tan bonito, tan entrañable y tan enriquecedor, y adviertan y ‘saboreen’ en él  la verdad y la riqueza que encierra.

                                     Publicado por Raffaello
                                                      11.4.11
          (Un día capicúa; ¡de esos que me gustan a mí!)

3 comentarios:

PURIK dijo...

La hora de los enamorados, que apuntalan su amor con fuertes cimientos para que no se desmorone con los avatares y vaivenes que le reserva la vida

My dijo...

Qué preciosidad!!
No sabría con qué verso quedarme!!
Aunque sin duda,.. ese final,.. esa frase de 'los poetas de Dios' me ha llegado al alma!!

Te quiero papá!!

Cuántisima sensibilidad y ternura derrochan tu corazón y tus manos!!

Noray dijo...

Entre tanto caos, tanta devastación, tanta mediocrodidad, tanta alienación... siempre hay un instante para la poesía, para dar las gracias, para el amor.


Un fuerte abrazo.